14.4.11

»*♥*«

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Estimulemos nuestros sentimientos en esta dicha de
amor e inquietemos nuestros suspiros para convertirlos
en un gemido de placer, divulguemos estas caricias en
nuestros cuerpos una y otra vez hasta sumergirnos en
el deseo del amor, que sea una existencia de
sensaciones estremecedoras en nuestros corazones al
llegar a la culminación orgásmica de nuestros cuerpos.

6.4.11

»*♥*«


¿Por qué será que cuando nos besamos, nos dan ganas de seguir besándonos?

Será que el deseo no miente cuando se cierran los ojos y unos labios se contonean sensuales sobre otros labios. Cuando esas curvas se rozan se detiene el tiempo, se quiebra el alma, se acaricia el cielo… y apetece abrir las bocas.

Será que cuando se come esa fruta, las demás ya no apetecen y quieres seguir comiendo ese manjar exquisito. Cuando esa fruta se paladea, se calma el viento, se roza la plenitud, te sabe a poco ese vaivén exquisito… y apetece abrir las bocas.

Será que al notarnos tan cercanos regando mi piel con tu piel ansiamos devorarnos. Cuando las caricias del sol y la luna beben la una en el otro, en placentero refugio, es pasión, es sentir, son ganas… y apetece abrir las bocas.

Será que la salvaje impunidad de robarnos los deseos empieza en esos pétalos silentes, o en silentes nubes. Cuando esas nubes bailan juntitas ya nada importa… y apetece abrir las bocas.

Bésame tonto, que cuando mas me besas mas ganas tengo de seguir besándote.

P.D.: Creo que si besas mis otros labios me lo mismo, pero… ¿Y si pruebas? Por asegurarnos, digo…




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30.3.11

»*♥*«





Nada fue como dicen.

Yo descubrí mi cuerpo mojado en la maleza
y lo empecé a palpar.

Era mi cuerpo solo el que se hinchaba
inflamada mi vela.

No supe qué corría por mi vientre
trepaba hasta mi pecho
enceguecía.

Tuve miedo y grité
tuve miedo y rodé por la maleza.

Era fuego era sangre era lava de volcán
era espejismo.

No supe qué pasaba y tuve miedo
pero dejé rodar mi cuerpo y la llovizna
y algo estalló vibrante quien sabe en qué recodo.

Después dormí tranquila
un tiempo inexplicablemente largo.

Después quizás llegara Adán pero yo no lo vi
otra vez la llovizna humedeció mi cuerpo
y me sentí gritar.